jueves, 29 de marzo de 2018

    

     Cuando una persona se acerca a los servicios sociales solicitando “la independencia”,  lo  primero que se te viene a la cabeza es concedérsela sin más valoraciones, diagnósticos, planes de acción ni rutas de inserción. A priori creo que  a nadie se le ocurriría erigirse en ladrón de autonomías personales y menos a quien protege sus decisiones de forma libre y con clara determinación.
         -“Concedida, puede hacer uso de su independencia sin problemas”.
         -¿Entonces puedo estar solo en casa ? Porque me dicen mis hijos que si no firmo la solicitud de independencia para que alguien me ayude me llevan a una residencia”.
         Con estas manifestaciones no queda otra opción que pasar del preámbulo y ampliar las actuaciones. Nos obliga a negociar. Entrados en este proceso podemos  comprobar como  a su manera la persona expresa  el deseo de ser valorado como dependiente para vivir en su casa de forma “independiente”,  No es ninguna  contradicción  y sí una equivocación lingüística que da lugar a  una seria reflexión  e iniciar  la negociación que bien  puede realizarse con la redacción de un acuerdo firmado por el solicitante. Procedamos.

Declaración de mi independencia
Art.1. Solicito el derecho a seguir manteniendo mi autonomía dentro de mi propia vivienda.
Art 2. En el ejercicio de mi autodeterminación permito que desde los servicios sociales se valoren mis capacidades personales para la continuidad de la permanencia en mi casa.
Art. 3. Autorizaré,  si fuera necesario,  apoyos domiciliarios que faciliten dicha continuidad.
Art 4. Pongo en conocimiento que nadie en mi nombre puede solicitar otros recursos  que yo no demande.
Art. 5. Inicio con la trabajadora social el proceso constituyente de valoración de dependencia para conseguir mi particular independencia.      

      Y  finalizamos con un texto concluyente:
Una vez valorado, insto  a los poderes públicos para hacer cumplir la ley de dependencia a la que me acojo, respetando  mis derechos y mi autonomía  y permitiendo hacer uso de  los recursos que me correspondan sin  injerencias externas”.
          Con este tratado podemos realizar otra forma de  valoración de dependencia, al que sin duda  hay que empezar a denominar también como proceso de independencia.
         Queda rubricado.
    

PD: La imagen de esta entrada ha sido “robada” de Alejandro R. Robledino
con quien he tenido  el privilegio de compartir cervezas y  grata conversación sobre autonomía, dependencia y anécdotas varias de nuestras Eudosias y Phylomenos . Gracias Alejandro.  
     https://twitter.com/ARRobledillo/status/977843733302534145   
        

MAREA NARANJA

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